Así llovía luz en
Sus ojos. Luz y agua
Caían rompiendo el circo
Que predicaban sus manos.
Nadie lo vio, nadie lo escuchó;
Nadie nunca supo de su gusto
Que en las noches se vestía
De velos ornamentales
Y con chispas piedrosas
De minas y lujo.
Rubios adornos. Oro en sus ojos,
Almendras que se esconden
Por puro capricho;
Geografía que no conoció
El nombre de su frente
O se olvido de él;
Todo valle que en ella rompía luz,
Mazmorra de cristal,
Silencio de sombras
Jubilosas y altaneras.
¡Otredad que brilla todo muerto
Que reside en uno mismo!
Una tormenta de luz
Destruyéndose en su tacto,
Cristal lustroso y roto.
Violento animal
Silencioso y bruto,
Mezclado en esencia azabache
Sin trono, sin reino.
¡Maldito silencio!
¡Maldita brutez!
Nada que dispute su imperio:
Color y matiz que se juntan en vida.
Toda luz se quiebra, se va….
¡pura injusticia de su tacto!
Piedra con lustre adquirido.
Fingido y mentiroso lujo.
Júbilo su poderío.
Salvaje imperio que asesina.
Júbilo su poderío
¡Viva el imperio del hastío!
brillante imperio de ruido y olvido.

