Archivar paraAgosto 5, 2008

Luz en el alba

Hay luz. Luz allá en el alba.

Tirotean los sapos el hilo de la audacia
Y brilla en lo alto la aurora magulladora
Besando cada rostro, cada objeto.

Canta Lazarillo, canta él.
Canta también Julieta con el velo de viuda.

Y saltan las partículas de un nuevo día,
La partitura del infinito que ha visto su canción.

Yo no tengo nombre, apenas tengo patria
Y vengo desde allá, muy allá
Para jugar, cantar, bailar y soñar.

Tirotean los sapos el hilo de la audacia
Y en el péndulo yace perdido el secreto de la vida,
Amor, sublime amor, mi encanto, mi pecado.

Canta Sol, canta ella
Canta también Ricardo con arpegio de melancolía.

Y se agrupan versos de un nuevo futuro,
El poemario del infinito que ha visto lo eterno.

Yo no tengo cuerpo, apenas tengo familia
Y vengo desde aquí, muy aquí
Para olvidar, llorar y sonreír, ¡vivir!

Hay luz. Luz en el alba.

El crepúsculo que avanza, como el tiempo
-¿existe el tiempo?-; y tirita el día
en el zaguán de marzo, abril, mayo, junio…
Y ya no estoy, me voy.

Y canto, canto, canto.
Asfixiado de gozo y vida,
Partituras, música, versos y poesía
Todo mezclado nos hacen milagro.

No hay ciudad, no hay ciencia,
No hay lujo y tampoco vida
Solo nos quedan sonrisas, nos queda alegría
Y mucha, muchísima poesía.

El panfleto de Natalia

Susúrrame tu encanto mujer de madrugada;
Piérdeme encincelando tu figura
Toda la noche que está loca, que está absorta;
Échame al óxido, al olvido de tu cuerpo
Y reponme en la mañana con olor a faldas,
Con olor a ternura y piernas, olor de mariposa bicolor.

Recuerda, Natalia, este verso empapado de tu lustre,
La fe que tiene tu ausencia, el espécimen que olvidamos
De nuestro antiguo redil, nuestro amorío.
Recuerda, Natalia, recuerda este día
Porque hoy encontraré el esperma de nosotros,
Hoy me taparé con el flagelo complaciente de verte allí,
Mirándome sedienta, con el rostro de virgen;
Y te fingiré, te conoceré, solo por hoy y nunca más.

Susúrrame Natalia. Susúrrame el cinismo de nosotros dos,
Nosotros dos que olvidamos todo y pretendemos que el invierno no pasó;
Como cuando ya no estabas, cuando encontré con quien jugar;
Como cuando llovían pezones encantados en el verano de ti,
Como cuando te encontré…
Y escampó todo el encanto… llegaste tú, mi principio, mi final.

Viene todo envuelto en cinismo, incluso tú misma, tú y tú, solamente tú.

Nunca tuve vergüenza de tocarte,
No tuve vergüenza de tu nombre, de tus piernas.
Tu seno ya dejó de ser tímido y se prestó entero a mi delirio.

Ay calla Natalia, calla.
¿Hasta cuando lamentaré haberte encontrado?
Por aquí y por allá llevas en ti misma la esencia de toda quimera,
Llevas en ti misma orgías bacanales maquilladas carmesí;
Todo encerrado en ti misma,
Sellado en la envoltura, el corset, que alguno como yo –no yo-,
Compró para ti, de dulce pecado, dulce psicotropía que tiene tu piel.

Y hela ahí, con vestido de mujer
Cara de niña, voz de señora y piernas de acompañante;
Se ha ceñido en el pecho el frívolo enojo con el que seduce
Y en cada línea esconde ella un verso,
Se armó con inocencia que es fácil de evadir,
Lleva encapuchada toda su experiencia,
Lista para matar, para alimentarse de sexo
Y emborrachar al su pobre marioneta con olor a piernas
¡olor de mariposa bicolor!

Hela ahí, lista para quitarme todo ¡hasta el corazón!

¡Susúrrame Natalia!
Recuérdame tu nombre toda la noche
Y quítame los anteojos, desvísteme el pudor
-¡no, no tengo vergüenza, no de ti!-
Y mátame, mátame otra vez.

Susúrrame Natalia, dime otra vez tu nombre.

Tú, tú y solamente tú